Mi padre solía decirme que yo era un jodido granuja, pero qué diablos, si todos podían por qué iba yo a ser el único perdedor que no aprendiera a hablar el Idioma del las Películas Dobladas.
Eso son los síntomas, lo que quizá atenaza su alma es la soledad, la íntima convicción de que la soltería está dejando de ser algo circunstancial y de que a este paso envejecerá y morirá solo, dejando atrás una vida carente de sentido, como si fuera una cáscara vacía. Siempre trabajando, madrugando, y enfrentando los pequeños sinsabores y amarguras de la vida, día tras día. Y todo al final para nada. Necesita recuperar la esperanza en que podrá encontrar el amor, una complicidad profunda y a la vez cotidiana. Convencerse de que él tiene tanto derecho como cualquiera a alcanzar esa felicidad y de que finalmente conseguirá una esposa sana, rolliza y de anchas caderas para que le dé buenos hijos. Esa es la clave. Otra cosa es que luego finalmente la encuentre. Pero bueno, mientras tanto andar fuerte también le ayudará. Que se compre un pulsómetro a ver.
Pero soy gordo de corazón, Laura, y eso es lo importante. Acabo de desayunar lo que llamo Argamasa Ambrósica, que es una cosa similar a lo que menciona Tejemaneje, pero con la peculiaridad de que lo saturo de magdalenas y galletas hasta que pongo el tazón bocabajo y no se cae la mezcla. Y de postre —sí, porque los desayunos también merecen un postre— cuatro donuts bombón que he pillado al bajar a por el pan. Esto de los donuts me recuerda una prueba de la gordaquería asquerosa de mi alma, así que huid, insensatos, pues ahora viene una anécdota de tipo Dan:No sé si seguirán vendiendo en pack, pero hace tiempo tenían en los Dunkin' Donuts unas cajas en las que venían seis o doce donuts. Un colega y yo aprovechamos esta feliz circunstancia para hacer una apuesta: a ver si éramos capaces de comernos una de esas cajas de doce cada uno. Y hacia allá fuimos. Sí, lo sé, los donuts del dunkin no tienen ni punto de comparación con los que fabrica la empresa de don Panificio Rivera Costafreda pero, qué queréis, aquí la cosa era llenar el buche. Además, no cabe duda que toda la variedad de donuts de colores que tienen es una cosa bonita de ver, hasta el punto que ante una bandeja de estas cosas y un par de tetas... bueno, me lanzaría a por las dos cosas porque quedarse sólo con una es cosa de maricones del culo, pero tendría serías dudas sobre a qué arrojarme primero. Bien. El caso es que pagamos las cajas y nos pusimos a ello. Cuando acabé con mis doce, vi que el mariconazo de mi amigo sólo había podido con nueve. ¡Pero cómo! Qué asco sentí, qué vergüenza de su persona. Con una mirada reprobatoria y con dos cojones me comí los tres que le sobraron. De vuelta, y mientras le iba tronando por su fracaso, ebrio (o quizá empachado) de victoria compré un gofre de los que venden en la estación de Sol, y me lo comí. Con chocolate y nata. Cuando llegamos al barrio, mi amigo, compungido y humillado, quiso recuperar su honor. Que si hay huevos a comerse una pizza. Joder, que si hay, repliqué. Para comer la pizza y hasta la chica del mostrador. Total: media pizzarraca (familiar) cada uno.Cagarlo al día siguiente podría decirse que cambió mi vida. Algo épico. Aquello no tenía fin. Era como si estuviera expeliendo por el culo a Jörmungandr, la Serpiente del Mundo, o a mi propio rabo. Salía y salía un troncho continuo, que serpenteaba cañerías abajo, des mis entrañas a las entrañas de la ciudad. Hasta que al fin paró, al tocar algo. Y tuve una revelación: lo que tocaba era la cabeza del truño de mi colega, que estaba giñando a la vez y soltando desde su casa su propia buena maderada. Mierda con mierda bajo tierra. Como una comunión fecal. Me pareció que esto de tener los anos en contacto aunque sea por transmisión mojónica era una cosa algo gay, así que desde entonces huyo de mi sexualidad y del mundo y me escondo aquí, en un foro de internet. Si lográis contactar conmigo quizá podáis contratarme. Aunque sea para acabar con todas vuestras sobras, que en estos tiempo da penica tirar la comida.
ACDC, Motörhead y Status Quo son el trípode en el que reposa la Civilización Occidental, Sex Pistols los cojones que de él cuelgan y Ramones su aliento vital. Sigur Ros, en este altar, serían la alegoría del derecho a la Libertad de Expresión. Camilo Sesto tomaría la forma de un palomo (tal vez cojo) que revolotearía alrededor de Los Huevos del alegórico trípode.